Hay personas que sacan de quicio,
otras las tirarías por un puente.
Previsible desde su comienzo e imprevisiblemente previsible su final, como siempre original. Agosto se lleva conciertos sin saberte ni siquiera la melodía, agosto se lleva caras por delante que te habían echo sonreír sin saber su nombre, agosto se lleva secretos a otra tumba, agosto se lleva ilusiones y agosto me deja canciones. Pero seguirá siendo agosto.
Hay momentos en la vida en que algo en nuestra cabeza hace "click" y todo se entiende, todo ese tiempo perdido se llega a comprender, un momento en que afirmas que "lo esencial es invisible a los ojos". Las historias que tú imaginaste durante noventa noches y escribiste cien días resulta que le han cambiado el protagonista, incluso los extras han variado. Tus malditas mariposas que querían revolotear dentro de ti habían sido robadas a alguien que realmente sí lo había vivido.
Pongamos que me enamoro de ti, recuerda que estoy hablando hipotéticamente, y te beso así sin más, como si fuéramos amigos de los de siempre de los de toda la vida. No, mejor, pongamos que te beso en la boca y no de los que siempre me das para hacerme callar, sino de los de verdad, en el que yo te beso esperando a que tu me contestes. Como cuando llamo al telefonillo de tu casa y Duna se pone ha ladrar como una histérica, creo que lo hace desde que me conoce eso se lo debió quedar prestado de mi. No se si me terminas de entender, pero esto es muy fácil, es como si yo ahora de repente te digo Te quiero, no pienses en los te quieros que te escribo siempre cuando estamos hablando por el chat ni cuando me voy de vacaciones que me abrazas como un oso hasta que intento decirte que me sueltes porque terminas por ahogarme.
A Amanda le encantaba desnudarse a las nueve y treinta y tres minutos de la mañana, cogía su café recién echo y cuatro galletas redondas -las mismas que le compraba su abuela para merendar- luego casi sin querer salía a su amplia terraza y se sentaba en una silla adorando esos primeros rayos de sol que querían quemar su cara blanca.
Necesitaba irme. Necesitaba sentir un nuevo aire mucho más seco en mi cara, la humedad de estas tierras hacen que mis huesos se contraigan y atrofien. Un lugar en donde buscar nuevos árboles que crezcan entre rocas, que aún de vuelta sigo sin entender como pueden sobrevivir.
Marta cogió a Marcos de la mano mientras corría en dirección a la Gran Vía.