Miranda estaba sentada encima del muro balanceando sus pies con la mirada perdida en el cielo. Más abajo apoyado en un árbol se encontraba Fran, tenía veintiún años y miraba a Miranda como no se deben mirar los primos, y más si ella tenía trece años. A decir verdad Miranda no aparentaba tener la edad que tenía, era muy madura era incluso más madura que él.
Para Fran ella era su lugar secreto, donde sabía que se podía esconder sin miedo a que nadie le regañara. Miranda tenía el cabello corto de color caoba y los ojos verdes que encajaban perfectamente con el sonrosado de su piel. Sin querer Miranda desvió su mirada y se encontraron, como acto reflejo se formó una fina burbuja donde todo lo demás dejaba de existir. En realidad Miranda no era su prima, él sólo era solo el novio de Victoria, que al contrario que Miranda ella siempre le estaba rechistando todas las cosas. Él siempre fue un buen amigo, aún antes de ser pareja él ya rondaba su casa haciendo carantoñas a la pequeña Miranda, cuando tenía una mirada frágil.
Miranda le sacó la lengua allá arriba y con suma gracia dio un salto tirándose encima de Fran. Con buenos reflejos éste la cogió en volandas haciéndole cosquillas, cosa que desataba por completo su escandalosa risa infantil. Siempre terminaban igual: cayendo al suelo, riendo, acercando sus edades poco a poco.
– ¿Cómo sabes que estás enamorado?
– Tienes que sentir cosquillas en la barriga y que el tiempo empiece a ir muy rápido hasta que lo detienes.
– Yo no quiero que el tiempo vaya rápido entre nosotros dos. Así que no te empeñes en enamorarme.
16 de diciembre de 2009
Que sepas que quererme no te va a servir de nada
Empeñándose en
Conversaciones,
Sin nombres ni apellidos
11 de diciembre de 2009
Tenía el rostro más hermoso del mundo y no le tenía miedo
Caminaba lentamente cogida de su mano, a pesar de que aquello estuviera lleno y todos hablaran a voces un escalofrío tenebroso recorría mi interior, tenía miedo, mucho miedo más de lo que había tenido en mi vida. Esperaba que algo cambiara y un par de ojos oscuros se clavaran en mi cara y vieran que yo no debía estar allí. Era un pasillo larguísimo de paredes altas que hubiera jurado que tocaban el cielo, aún así en medio no había techo y es por allí que esas nubes azul claro daban luz a aquello. Nos sentamos a un restaurante al final del pasillo, mientras estaba allí me acordaba de los libros de historia en la época medieval medieval aunque si hubiera atendido esos días en clase podría explicar que características tenía todo aquello. Nos sentamos en unos taburetes redondos y sin respaldos. Yo hablaba y hablaba sin parar, tenía miedo que aquel chico de ojos azules y pelo rubio, cuyo rostro todavía sé de quien se trata, se sentara entre tu y yo. Me reía de tu risa y me sentía en una nube de esas que son esponjosas, pero tu no te soltabas de mi mano. Nunca caí al precipicio, nunca dejaste que me pasara nada. Se que tú no tenías miedo, algo dentro de mi me dice que tu también eras lo mismo que los otros, pero a ti no te tenía miedo, tu eras mi paz particular. Comimos una cosa que me parecía muy asquerosa, era algo verde y viscoso que aunque parecía ser una hoja de lechuga con tomate a rodajas aquello era mucho peor. No te dije nada, parecía que era tu plato preferido, pero al parecer no teníamos secretos y echaste a reír al ver mi cara. Aquel muchacho de ojos azules también hablaba con nosotros y por supuesto, tambien no se avergonzó cuando empezó a burlarse de mi.Cuando por último quise besarte desperté, y ahora no me preguntes ni quien eras ni como era tu rostro, no lo recuerdo, no recuerdo nada de ti y sé que nos amábamos con locura.
Empeñándose en
La curiosidad mató al gato,
La noche en que se lo conté todo,
Sueños
28 de noviembre de 2009
Y nunca poder volver a probar sus galletas
La pequeña Nube siempre fue un desastre, desde siempre que anda por la calle a tropezones y cuando está en el suelo hace una sonrisa inocente, y es que Nube nunca estuvo quieta en ningún sitio. El otro día mientras bajaba del coche casi la atropelló una furgoneta blanca, el conductor empezó a gritarle, y pienso que para su corta vida no parece tener muy buenos humos, pero Nube en lugar de bajar la cabeza refunfuñaba bajito y le gritaba como una histérica diciendo que ella no tenía la culpa de que estuviera ciego y no viera a la gente que cruza.Yo iba detrás de ella riéndome, ella siempre está sacando sonrisas, días como aquellos valía la pena tenerla cerca para alimentarte un poco de su buen humor y vi como el resto de la gente la miraba intrigada, Nube siempre fue así de especial.
Me ha preguntado si un día de estos la acompañaré a la Luna con Gus, yo le he preguntado si allí hace frío, lo ha dudado pero al final ha decidido que me hará un abrigo de lana para cuando vayamos a la Luna. Después la he ayudado a preparar galletas en forma de luna, desde que le dije que mi abuela ya no podría hacerme nunca más se ha empeñado en que al menos no olvide su sabor.
Irene
Empeñándose en
Historias de Nube
25 de noviembre de 2009
A la amante bipolar se le descongela el corazón cuando alguien la abraza
y entonces empieza a llorar.
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Frases de...
21 de noviembre de 2009
Hoy la amante dibuja soles entre las nubes
Sábado, 20 noviembre
Querido tú:
El otro día la vi, a ella, a la amante bipolar. Estaba en la cima de un acantilado y el viento silbaba. Estaba triste, lo supe, porque no cantaba. La amante bipolar siempre tararea canciones pero ayer no lo hizo, hay rumores que dicen que estaba llorando, pero ella nunca llora. Me dijeron que estaba cayendo enferma, que ya no sale de casa, y que ya no va al ritmo del viento ni saca sonrisas a las niñas que salen del colegio a las doce contándoles historias (yo creo que se las ha inventado) de su viaje al polo sur y como consiguió salir de las zarpas de un oso que medía seis metros con unos dientes afilados, o como estuvo nadando durante siete días perseguida por unas ballenas salvajes que devoraban tiburones. Pero ahora esta bien, está feliz, sonríe sin querer y el otro día la vi por delante de la casa de su amor, a él también debería de estar cantándole pero siempre le tararea canciones más dulces, como el caramelo de fresa que lleva ahora en su boca.
La amante bipolar
Querido tú:
El otro día la vi, a ella, a la amante bipolar. Estaba en la cima de un acantilado y el viento silbaba. Estaba triste, lo supe, porque no cantaba. La amante bipolar siempre tararea canciones pero ayer no lo hizo, hay rumores que dicen que estaba llorando, pero ella nunca llora. Me dijeron que estaba cayendo enferma, que ya no sale de casa, y que ya no va al ritmo del viento ni saca sonrisas a las niñas que salen del colegio a las doce contándoles historias (yo creo que se las ha inventado) de su viaje al polo sur y como consiguió salir de las zarpas de un oso que medía seis metros con unos dientes afilados, o como estuvo nadando durante siete días perseguida por unas ballenas salvajes que devoraban tiburones. Pero ahora esta bien, está feliz, sonríe sin querer y el otro día la vi por delante de la casa de su amor, a él también debería de estar cantándole pero siempre le tararea canciones más dulces, como el caramelo de fresa que lleva ahora en su boca.
Espero que pienses en mi que cuando la abraces,
recuerdes mi forma de besar
y espero que pienses en mi,
que cuanto te arrepientas aún sepas donde me has de buscar.
Y mientras sigues con la tonta, tan tonta, que no sabrá cuidarte
y hasta no pasadas mal.
Yo mientras te espero sentada imaginándome a la tonta,
con el tonto que me hizo llorar.
recuerdes mi forma de besar
y espero que pienses en mi,
que cuanto te arrepientas aún sepas donde me has de buscar.
Y mientras sigues con la tonta, tan tonta, que no sabrá cuidarte
y hasta no pasadas mal.
Yo mientras te espero sentada imaginándome a la tonta,
con el tonto que me hizo llorar.
Empeñándose en
Música,
Querido tú
11 de noviembre de 2009
La amante bipolar
La amante bipolar es aquella que cada día se acuesta con una cara distinta. La amante bipolar era una verdadera mentirosa compulsiva que no sabía mentir. Cambiaba de carácter y de forma de ser cada vez que pasaban trece minutos, siempre andaba al contrario que el viento parándose cuando veía que estaba sola. Un día oí decir que la amante bipolar estaba loca, pero creo que solo lo está aparentando. Ella no entiende de amores, esta convencida que el mundo está cabeza abajo. Por las noches llora cubitos de hielo y hay quienes piensan que su corazón está en el polo sur escondido en un glaciar custodiado por miles de osos blancos. La amante bipolar siempre lleva un abrigo blanco con capucha de oso polar ya que ella es la reina de los osos polares. Sus ojos son azules, como cuando hace mucho frío y el cielo se tiñe de azul aunque del frío tú ni siquiera puedes levantar la mirada.
Al fin y al cabo, la amante bipolar quería lo que todo el mundo quiere, y es que su amor cambiaba como su propio nombre, su amor era realmente bipolar. Y un día le decía que le quería, al otro que lo odiaba y anoche soñé él.
Al fin y al cabo, la amante bipolar quería lo que todo el mundo quiere, y es que su amor cambiaba como su propio nombre, su amor era realmente bipolar. Y un día le decía que le quería, al otro que lo odiaba y anoche soñé él.
8 de noviembre de 2009
Raquel sólo regalaba sonrisas por la mañana
Una vez, de esas que bebes demasiado en un bar, conocí a una chica pelirroja que regalaba sonrisas por la mañana. Su cara tenía una bonita apariencia, y aunque todo aquello lo recuerde difuminado se que sus ojos eran verdes como el césped recién cortado. Ni siquiera nos detuvimos a saludarnos, sólo le pregunté como podía sonreír un Lunes a las diez de la mañana después de estar un Sábado bebiendo whisky con hielo. No me contestó, sólo dejó que su risa inundara todo aquel espacio tan reducido. Pero me contó su pequeño secreto, por las mañanas regalaba sonrisas pero por las noche las cobraba a aquél que quisiese una de ellas.Era una insolente, con su pelo medio ondulado y su frescura al moverse. Pero era feliz, más feliz que cuando a un niño le compran su primera bicicleta y se pasa semanas intentando montarla hasta que al fin sin querer se le escapa al pobre padre como cuando los globos salen volando en navidad.
Me dio un beso en la mejilla y se largó. No sé nada más de ella, me dijeron que se llamaba Raquel y que ahora toma vodka para merendar. Pero yo ahora sonrío a las siete de la mañana, durante todo el día para tener el mismo rostro que tenía ella.
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Besos,
Rock and Roll,
Sonrisa
4 de noviembre de 2009
Ya no viste de rojo
Después de tantos años Gabriel seguía llamando a Isabella a cada minuto. La mayoría de sus peleas eran por los malditos celos de él. Nunca dejaba que Isabella se sentara al lado de alguien que no fuera él. Pero al final del dia éste terminaba llorando y jurándole que no lo volvería ha hacer.Hace dos semanas que Isabella no va a trabajar, Gabriel cree que ya no le quiere, que sueña con otros e incluso que tontea con el chico del supermercado que hay debajo de casa. Tampoco se pinta y lleva años sin ir a la peluquería para arreglarse el pelo. Envejece rapidamente, y ya aparenta cuarenta años a pesar de tener veintiséis.
Pero el otro día fue el final de todo, el sonido de la vajilla de su boda rompiéndose en mil pedazos fue la gota que colmo el vaso, y más que colmarlo lo derrumbó. Después de que Isabella volviera de casa de su madre Gabriel enfurecido estampó su cabeza contra la pared sin darle tiempo ha abrir la boca. La sangre bajaba por la frente y él gritaba continuamente cosas incoherentes. Poco a poco a causa de los seguidos golpes Isabella perdió la conciencia.
Empeñándose en
Sin nombres ni apellidos
31 de octubre de 2009
4ever
A las siete de la mañana como todos los días Clara por las escaleras para llegar a casa de Ester. Hoy el aspecto de Ester totalmente pálido y la mirada perdida por la ventana. Sus ojos eran color cacao y con lo dulces que fueron en una época ahora son amargos, su cara siempre fue sonrosada ahora es pálida y un poco tétrica, tiene algunos rasgos endurecidos que reflejan el dolor que está sufriendo. Lo más salvaje de ella era su voluminoso pelo color rojo fuego y con rizos pequeños que ahora se ausentaba, todo aquello había sido substituido por un pañuelo azul.Clara las llaves en el mueble de la entrada y dibujando una sonrisa amplia le mandó unos buenos días. Al parecer Ester tenía humor para hablar, y eso Clara lo soportaba. Desde pequeñas habían sido muy buenas amigas. Las dos sin pelos en la lengua entre ellas, sin miedo a que la otra se enfadara. Así fue todo hasta que a los treinta y seis años y medio le detectaran a Ester un tumor en la cabeza. Los padres de Ester habían muerto tiempo atrás y Héctor, su pareja, le dijo que tenía que darle un tiempo una semana después de haber recibido la noticia. Desde entonces Clara cuida, como lo que realmente son, dos hermanas.
Días como estos Clara le saca la lengua por sus malas caras, le quita el pañuelo haciéndola correr por toda la casa hasta que con su risa contagiosa empieza también a reír.
Clara le pidió que le jurase que no la iba a dejar nunca sola, que nunca se vaya sin ella, porque si la deja sola va ser ella la que se va a morir.
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