"
Era de las que rompen los puentes con solo cruzarlos
".


Mostrando entradas con la etiqueta Desnudar(se). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Desnudar(se). Mostrar todas las entradas

7 de abril de 2010

Y a Amanda nunca le molestó decir que iba desnuda

Amanda dice:
Voy sin pantalones
Rdl dice:
¿Te vestías?
Amanda dice: 
No, me apetecía ir sin ellos. Es divertido tener la piel de gallina.
Rdl dice:
¿Y sujetador?
Amanda dice: 
Haha haha, que incomodidad.
Rdl dice:
Me gustaría estar a tu lado, no soy incomodo.
Amanda dice:  
A mi me encanta que me imagines, eso es más cómodo que tener que moverme.
Rdl dice:
Eres todo un encanto, ¿De dónde sales?
Amanda dice: 
Del mismo infierno

Y no mentía

20 de enero de 2010

Tenía los ojos azul cielo más bonitos del mundo o quizás me estaba obsesionando

Abrió la puerta con desdén, intentando que aquello fuera mucho más tranquilo que el resto de su día. Se sentó en aquel asiento grasiento, por un momento pensó en todas las historias que se podrían contar desde allí detrás, todo lo que había vivido ese asiento gris que si hubiera tenido un poco más de tiempo habría rechazado. Con un movimiento en su cabeza intentó quitar aquellas ideas absurdas que daban vueltas por su mente, vaya estupidez.
Delante había un hombre robusto y de pelo rizado. Giró la cabeza hasta posar sus ojos en ella pero sin tener tiempo a preguntarle cuál era su destinación.

"Avenida tres cuartos, y por favor dese prisa que no tengo todo el día"

El conductor bufó y mirándola por el retrovisor empezó su trayecto. Tenía bastante genio pero todo lo compensaba su cara blanca de ángel, cabellos oscuros y rizados y sus labios rojos. Tenía las cejas pequeñas, lo que la hacían ridículamente adorable cuando levantaba una de ellas. A pesar que su carnet de identidad pusiera que tenía los veinticinco bien pasados aparentaba una chica de diecisiete años.
Cuando el taxista reconoció aquellos ojos azules tan perturbadores, sin querer una pregunta rompió la tranquilidad de su pasajera.

"Usted es madamme Agustine..."

Aunque aquello no era una pregunta, cualquier hombre que había visitado el cabarete de Edith conocía a aquella muchacha bien plantada. Y por su desgracia ahora la tenía sentada detrás de él. Pero Agustine odiaba todo aquello, odiaba salir a bailar y que todos miraran sus pechos, sus piernas, su boca... a nadie le importaba que se equivocara en un paso o que no bailara perfectamente, nadie admiraba su arte porque solamente pensaban que ella era el arte. Puso una mueca y asintió. Él sonrió, sabía lo que pensaba. Ella rió, todavía no sabe porqué.

"Nunca miré sus pechos" Hizo una sonrisa mostrando todos sus dientes, él debía tener la misma edad que ella, y al igual que ella nadie apreciaba su arte.
"Lo dudo, no eres el primero que me lo has dicho, ni el último que me pide después que le acompañe a casa"
"¿Y si tomamos un café?"

Agustine le dió un beso en la mejilla y su número de teléfono en el billete.

"Quédate el cambio, esta noche en la rue rouge... y no lo estropees, así que no dejes de sonreír"

28 de septiembre de 2009

Muñeca de porcelana

Hace varios días que Julliete no se mueve de su cama. Respira con dificultades, a veces, le entra una fuerte tos y tienen que llevarla al médico. Cuando ella duerme Pierre llora acostado a su lado sosteniendo sus piernas con las manos como si fuera un niño pequeño. Sabe que Julliete se está muriendo, lo sabe desde el día en que dejó de sonreír. El médico les dijo que si tenía fuerzas y paciencia se curaría, pero Pierre sabe que no va a ser así, Julliete está demasiado débil.

El otro día Pierre la desnudó para darle un baño caliente. Él se sintió torpe y ella muy frágil. Se había convertido en una bella (porque aún estando enferma era preciosa o, al menos, a él se lo parecía) muñeca de porcelana con colores pálidos en su cuerpo y huesos frágiles.

Julliete le preguntó por qué no habían tenido hijos, por qué no tuvieron tiempo de tener un pequeño reflejo de ellos dos. A Pierre le hubiese gustado decirle que a él también le hubiese gustado tener uno, pero nunca se lo diría. Hace muchos años que él conoce la enfermedad que padece su mujer y de la alta gravedad que correría si tuviera un parto. Los médicos se lo contaron hace años y él prefirió no decirle nada. Conocía a su mujer y sabía que hubiera dado la vida por aquél pequeño que nunca tuvo.

La pluie ruisselle le long des fenêtres comme les enfants pleurer.

19 de agosto de 2009

Comprenez le français?

A Amanda le encantaba desnudarse a las nueve y treinta y tres minutos de la mañana, cogía su café recién echo y cuatro galletas redondas -las mismas que le compraba su abuela para merendar- luego casi sin querer salía a su amplia terraza y se sentaba en una silla adorando esos primeros rayos de sol que querían quemar su cara blanca.

Su cuerpo era pequeño, no aparentando ni por asomo sus desastrosos veintitrés años. Hacía dos meses que se había mudado de casa, de gente, de gustos incluso de forma de hablar. Aquí nadie la entendía y a duras treces ella se podía habituar al maldito francés que tan mal se le daba, cuando su asistenta le decía "Bounjour ¿Ça va?" y ella solamente asentía con la cabeza viendo que eso complacía a la mujer.

Desde su terraza nadie la podía ver, y lo que más le gustaba, es que ella si que podía ver a los demás creyendo que nadie los ve. Por lo menos desde allí sabía que no vería a nadie que un día amó tanto y ellos dejaron de amarla.


Elle vit dans un monde loin de la réalité, elle voulais être un peu plus de courage dans ce qui était toujours . Je t'aime