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Era de las que rompen los puentes con solo cruzarlos
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16 de marzo de 2010

El señor pingüino

La Amante Bipolar e Irene estaban sentadas en un banco cerca de la calle mayor, comían chucherías con pica pica. Irene era bastante más pequeña que la Amante aún así la Amante Bipolar adoraba su inteligencia y su madurez.
 −¿Tu conociste al señor Pingüíno? −le dijo la Amante Bipolar
−¿El señor Pingüino?
−Sí, siempre llevaba un gorro de copa y viste pajarita con smoking va a los bares más caros de Nueva York y se tomaba un whisky para merendar, decían que contaba las mejores historias del mundo y que cantaba a la luna las noches de verano.
−¿Pero los pingüinos no viven en el polo norte?
−No, allí ya no quedan de esos, es como las pieles de oso que hay más por aquí que allí.
−Pobre señor pingüino...− a la pobre Irene se le empañaban los ojos con el relato de la Amante.
−Porque nadie te contó la historia de sus hijas Tina y Petra. Un día iban nadando por la playa, esa que hay cerca de casa de Polarín, y unos hombres vinieron a cogerlas, les dieron con palos y lo llenaron todo de sangre, Polarín me decía que no llorara porque sino nos cogerían pero no no podía ver como le arrancaban la piel a Petra aún con los ojos medio abiertos.
−¿Y la mujer de sr. pingüino?
−No lo sé, me dijeron que se volvió loca y que ahora trabaja en un cabaret los viernes por la tarde sirviendo copas

6 de enero de 2010

Queridos... bah!

Como todas las niñas Nube se sentaba al lado de su madre, Flor, a escribir la carta a los reyes. Nunca llenaba sus cartas de juguetes, su madre la había enseñado de pequeña a no ser avariciosa. Una vez puso tantos juguetes que su madre le rompió la carta. A ningún niño le gusta hacer las cosas dos veces, y a Nube tampoco.
Queridos Reyes Magos:

Éste año no me he llevado muy bien, pero tampoco mal. Aún así estoy muy enfadada, mamá siempre me dice que no debo llenar la carta de juguetes aún así parece que es lo único que sabéis leer. Siempre pido que desaparezcan esos niños tan flaquitos que veo en las noticias, que no haya más desastres meteorológicos, que personas como Ester no mueran, que abu no se vaya nunca, que todo el mundo sonría sin querer, que las amantes bipolares rescaten corazones que latan fuerte, que se llore sólo cuando esas lágrimas no sean amargas, que mamá no se preocupe por si podrá pagarme el almuerzo, que las personas seamos más buenas. que alguien le haga caso a mi amiga Mafalda, que las pistolas sólo sean de agua y las bombas tiren chucherías,que los niños crezcamos como niños, que los malos sólo existan en los cuentos... Y aunque no haya puesto ningún juguete en esta carta no se la mostraré a mamá, de todas formas ayer le conté a la oreja que es lo que quería que me trajéseis a ver si sois tan magos y lo adivináis.
Os dejo tres vasos de leche al lado de la chimenea...
Nube y Gus


Creo que sólo Nube podría escribir una carta tan sincera con su respectiva inocencia.
Irene es demasiado realista.
La Amante bipolar no ha visto al chico de las sonrisas desde el año pasado :)
Espero que hayais recibido muchos regalos yo como mucho os puedo 

28 de noviembre de 2009

Y nunca poder volver a probar sus galletas

La pequeña Nube siempre fue un desastre, desde siempre que anda por la calle a tropezones y cuando está en el suelo hace una sonrisa inocente, y es que Nube nunca estuvo quieta en ningún sitio. El otro día mientras bajaba del coche casi la atropelló una furgoneta blanca, el conductor empezó a gritarle, y pienso que para su corta vida no parece tener muy buenos humos, pero Nube en lugar de bajar la cabeza refunfuñaba bajito y le gritaba como una histérica diciendo que ella no tenía la culpa de que estuviera ciego y no viera a la gente que cruza.
Yo iba detrás de ella riéndome, ella siempre está sacando sonrisas, días como aquellos valía la pena tenerla cerca para alimentarte un poco de su buen humor y vi como el resto de la gente la miraba intrigada, Nube siempre fue así de especial.
Me ha preguntado si un día de estos la acompañaré a la Luna con Gus, yo le he preguntado si allí hace frío, lo ha dudado pero al final ha decidido que me hará un abrigo de lana para cuando vayamos a la Luna. Después la he ayudado a preparar galletas en forma de luna, desde que le dije que mi abuela ya no podría hacerme nunca más se ha empeñado en que al menos no olvide su sabor.

Irene

25 de septiembre de 2009

Hoy parece que Flor más contenta, se ve que se enamoró, o la enamoraron. A Flor le caen una cascada rizos rebeldes sobre sus hombros y unos bonitos ojos azules resplandecen sobre su cara, pero lo más importante es que ahora está feliz.

Flor iba cargada de libros entre las manos cuando tropezó y se le esparcieron todos por el suelo, pero esta vez no se sonrojó se echó a reír con los demás. Porque Flor ya no quiere llorar, quiere sonreír y hablar con la gente. Se compra una bolsa de osos de gominola y va a casa de Irene a que le cuente una sus aventuras de hoy. Flor nunca come los que saben a naranja, por que son los favoritos de Irene. Hace tiempo que no se veían y tienen muchas cosas que contarse, tiene que decirle que el que tenía el desfibrilador de su corazón a vuelto, y juraría que estaba más hermoso que nunca.

Los estados de Flor también deben influir al cielo, ha parado de llover, hace un día hermoso para dejarla florecer.

Nautae stellas vident, nam stellae viam nautis mostrant.
Mi primera frase en latín y la hice bien :)

24 de septiembre de 2009

Big girls don't dream

A Nube le contaron que las chicas grandes ya no debían sentarse a el regazo de su abuelo para que le contasen cuentos, pero a Nube le encantaban las historias de aventuras. Por eso Nube ya no quería crecer, y le hizo prometer a su abuelo que si crecía le contaría cuentos a escondidas.

18 de septiembre de 2009

En invierno comía tostadas con mermelada de melocotón

Irene tenía el cabello negro carbón, su piel olía a leña recién cortada y aún así a Irene le repugnaba el frío.

En realidad lo que a Irene no le gustaba era la humedad, aborrecía llegar a casa con los pies y los dedos de las manos fríos, porque aún después de ponerse calentita y que su abuelo le encendiera el fuego seguía teniendo frío y los pies mojados.

Hacía años que Lana, la gatita de color blanco que maullaba cuando le encendía el fuego, había muerto sepultada bajo una trompada de nieve. Irene estuvo llorando durante toda esa noche con las manos ensangrentadas a causa de rebuscar entre la nueve durante horas.

Desde entonces Irene no sale de casa los días de invierno y Nube tiene que ir a traerle comida y hacerle tostadas con mermelada de melocotón. Ahora su cabello es blanco como la nieve y la humedad se le mete en los huesos impidiendo que se mueva de su mecedora vieja que chirría cuando alguien se balancea.

14 de junio de 2009

Irene

Hoy Irene acompañaba a Nube hasta su casa. Irene era una pequeña morena con ojos grandes y oscuros. Dentro de ellos se podía ver la paz en el mundo, eran la cara buena del mundo, la que todos quieren ver y pocos han visto.

Irene cursaba un curso más que Nube, aunque las dos tenía los mismos sueños de niñas.

Se sentaron al banco del parque, que había cerca de la casa de Irene, esperando a que su madre las llamara para ir a comer. Nube que desde hacía un tiempo tenía una duda en su cabecita se lo contó a su amiga Irene.

– ¿Tú crees que Pedro tiene amigos de verdad?– le dijo Nube.

Irene se quedó pensando mientras balanceaba sus pies con los zapatos rosa hacia delante y hacia atrás.

– Siempre cuenta historias emocionantes, con gente que yo nunca he visto. El nunca dice que tiene un amigo que juega a canicas por las tardes sino un amigo que le gusta leer dentro de una bañera, o que tiene un bar y a él siempre le pide la opinión, o que tiene un perro que le habla...

Irene seguía sin decir nada. Conocía a Pedro del curso pasado y cuando entraba a clase ya quería que le contara una de sus nuevas histórias.

– Pedro no dice mentiras–contestó Irene– Un día me llevó a su casa y me enseñó a su perro, me contó que con sus barcos de papel iba a conocer el mundo para contarme nuevas historias. Por que a mi Pedro nunca me a dicho mentiras.

Nube creyó todo lo que le dijo su amiga.

Nube quería que le enseñara a hacer naves espaciales de papel para llegar a la Luna.

27 de mayo de 2009

Cartas que nunca se reciben

Nube miraba atentamente las noticias. La niña era bastante interesada por lo que ocurría en el mundo mientras ella jugaba con el balón. Pero aquel día fue diferente. Nube apagó el televisor poco después de que empezara el programa. Su madre, extrañada, le preguntó que le pasaba. Nube se enganchó a sus piernas echándose a llorar.

-Mamá si las bombas son malas para todos, ¿por qué todavía hacen explotar algunas?- su madre, se preguntaba lo mismo.

Nube cogió sus lápices de colores y escribió una carta al presidente. Allí le preguntaba que si no tuvo ninguna maestra que le enseñara que está mal hacer daño a la gente.

Al día siguiente, la niña, en compañía de Gus, se fue a tirar la carta al buzón de siempre, asegurandose que el cartero la recogiera dándole los buenos días. La niña se comportó como cualquier ciutadana indignada por la pésima actitud de su governador.

26 de abril de 2009

A la vera del mar

Nube iba saltando de piedra en piedra intentando no caerse a mar, el buen tiempo la alegraba y, aunque todavía no hacía unas temperaturas para meterse en el agua Nube no dudaba en ir a dar una vuelta por el mar. Flor, su madre, la vigilaba desde la orilla dándole leves toques cuando la veía decidida a meterse en el mar.

Le encantaba el mar, pasar horas dentro y fuera de él. Estar cerca de las olas, recoger almejas y sentir el olor marino hacia que la pequeña disfrutara sus horas de infante. En cambio, Flor odiaba el mar, no soportaba los granitos de arena metiéndose en la ropa, el los zapatos y en cualquier cachivache que encontrara cerca, no le gustaba meterse en el agua y salir con la piel reseca por culpa de la sal marina. Y aún menos le gustaban los bichejos con pinzas que correteaban a la vera del mal. Pero disfrutaba ver a Nube corretear y saltar feliz. Nube no desistía en insistir a llevar a su madre al mar para poder transmitirle aquella vitalidad que el mar le transmitía a ella.

Pero Flor ya no sonreía a todas horas.

13 de abril de 2009

Nube y el abuelo

Nube se sentó bajo los pies del abuelo y sacó sus lápices de colores de sus bolsillos. Cerró los ojos y dibujó una sonrisa.
Su abuelo que se balanceaba sobre su mecedora vieja agachó la vista hasta ver el dibujo de su pequeña nieta. La muchacha que para su corta edad se podían distinguir claramente sus dibujos. En el papel había una luna de azul claro con cráteres marcados con éste color más oscuro.
En medio de la hoja aparecía una niña con gran sonrisa y un casco redondo cubriendo totalmente su cabeza. Llevaba un conejo de peluche en su mano, igual que el que tenía debajo de su barriga mientras dibujaba.
Nube sin levantar los ojos del papel empezó ha hablar con su abuelo sabiendo que el la estaba observando.

—Gus me prometió llevarme a la Luna cuando fuera mayor. ¿Vendrás?

El abuelo cogió a la niña con los dos brazos y la posó en sus piernas.

—Claro que sí pequeña. Siempre estaré cuidando de ti y de Gus.

La niña lo abrazó colgándose de su cuello.

Él sabía que siempre la cuidaría.
Ella todavía ignoraba que algún día él estaría cuidando dentro de ella para siempre.