Allí toda la gente le parecía extraña, no había ningún rostro cuyos ojos le transmitieran algo de amor. No iba a venir, lo sabía, lo supo en el momento en que se lo propuso y ella añadió "entonces no" pero él insistió y dijo "claro"- sí claro, claro que no ibas a aparecer. No hay nada más triste que una muchacha con ojos perdidos buscando aquello que sabe que no va a encontrar.
Era un desastre, el desastre de su vida. Se había levantado a las nueve, después había fregado los platos, limpiado el baño, puesto una lavadora y tendido la ropa. Finalmente, se había vestido y maquillado aunque por el camino había discutido con el maldito lápiz de ojos que hoy no tenía ganas de funcionar correctamente. Después había bajado por las escaleras corriendo y se tiró contra unos chicos que hablaban de estupideces y que se quedaron asustados cuando aquella chica entró como alma que lleva el diablo. Ahora estaba ahí, sola, observando a ese maldito tren con dirección a algún lugar que detestaba.
Sabía eso de los pensamientos positivos, sabía que podía bajar en la siguiente parada y esperar a que pasara otro tren que la llevara a aquel lugar que ella quería. Muy a su pesar no todo era tan fácil, estaba segura que si lo hacía seguro que el tren se estrellaría o el suyo nunca saldría o cuando fuera a subir lo perdería o cualquier estupidez que le pudiera pasar a ella.
Cuando las leyes de la naturaleza te prohíben estar con alguien deberías parar de intentarlo.
