La Amante Bipolar se quería ir de allí. Ya no quería querer al chico de los ojos color cielo, no quería querer a alguien que no tenía el mínimo interés de que al menos le dejara quererle. Quería irse a Siberia le dijeron que allí iban los corazones fríos. Una vez fue a Moscou, se reconocía rápidamente aquel acento áspero y de pocos amigos, pero aún así fueron de lo más hogareños que había conocido. Pero la Amante Bipolar no se puede mover de aquí porque al parecer el que ahora ya no le saludaba, sin saber porque había vuelto a felicitarla (¿el san valentín se felicita?). Ella le sonrió, al parecer al menos él le echaba salvavidas cuando se ahogaba aunque no se atrevía a tirarse él. Un día de estos le diría que era un miedica (aunque nunca le confesaría que ella también lo es). Él le devolvió la sonrisa, eso significaba que podría volver a jugar ha hacerse la dura. Jugando a que no es que te quiera pero me gusta hacer teatro contigo.- Por qué no me enviaste ninguna carta. Vaya amigo que tengo...
La dura, la interesante, la amante, la bipolar.
- Tenia que estudiar
Le encantaba los ojitos que ponía, esos de que lo he hecho sin querer. De que lo siento.
- ¿¡Que yo no!? ¡Y filosofía!
Así que quiero que sepas que eres el responsable de que suspenda filosofía. Además no me gustan tus clases particulares. Pero, ¿sabes que? te perdono si no piensas dejarme irme a Siberia











