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Era de las que rompen los puentes con solo cruzarlos
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8 de febrero de 2010

¿Ha quién se le ocurrió la idea de freír un huevo?

Lo miraba sentada desde el otro lado del sofá, bufando con desprecio. Lavantó la mirada e intentó sostener la suya, pero no pudo aguantarsela por mucho tiempo, sus pupilas se clavaban como cuchillos afilados rasgándole todo su interior.
- Lo sé, no lo debí haber hecho.
- Me da igual que lo sepas, me da igual que ahora mismo sepas que lo has hecho mal. Es como si acabaras de asesinar a una persona y me dices lo siento, de que me sirven tus palabras si ya no me la puedes devolver, de que me sirve que hayas aprendido la lección si ya es tarde para esto.

Se levantó de la silla hecho una furia, como si ella tuviera la culpa de todo como si sus simples acusaciones fueran lo que realmente le dañaba, como si ella fuera la gota que colmara el vaso de un vaso donde el agua ya se había desparramado.

- No tienes derecho a acusarme esto no es asunto tuyo, tu no eres nadie para meterte aquí, para decirme lo que tengo y lo que no tengo que hacer, aquí todos ya somos mayorcitos para saber cuando la hemos cagado, no me hace falta ningún loro repitiéndomelo sin parar

Raquel sonrió como solamente saben sonreír las brujas malas de los cuentos, esas sonrisas que te recorre un escalofrío por la columna de solo verlo, con ojos entrecerrados imáginando un plan, mejor dicho constatando cuantas posibilidades de fallar tiene. Pero es que Raquel nunca falla.

- ¿Sabes a lo que tengo derecho?, a todo lo que tenga influencias sobre mí. Y toda la mierda que estás haciendo aquí me influye a mí. Así que cállate necio y no me vuelvas a levantar la voz porque aquí el único que tiene la culpa eres tú. Seguro que tu madre te dijo de pequeño que no debías jugar con las personas, a la pobre lo único que se le olvidó decirte es que yo y todo lo que me rodea deben ser las últimas cosas en que deberías jugar.

No es un mal día pero tenía ganas de gritar
A la pregunta del título no le hagáis mucho caso
Mejor dicho, no le hagáis caso a nada de lo que os diga

31 de octubre de 2009

4ever

A las siete de la mañana como todos los días Clara por las escaleras para llegar a casa de Ester. Hoy el aspecto de Ester totalmente pálido y la mirada perdida por la ventana. Sus ojos eran color cacao y con lo dulces que fueron en una época ahora son amargos, su cara siempre fue sonrosada ahora es pálida y un poco tétrica, tiene algunos rasgos endurecidos que reflejan el dolor que está sufriendo. Lo más salvaje de ella era su voluminoso pelo color rojo fuego y con rizos pequeños que ahora se ausentaba, todo aquello había sido substituido por un pañuelo azul.

Clara las llaves en el mueble de la entrada y dibujando una sonrisa amplia le mandó unos buenos días. Al parecer Ester tenía humor para hablar, y eso Clara lo soportaba. Desde pequeñas habían sido muy buenas amigas. Las dos sin pelos en la lengua entre ellas, sin miedo a que la otra se enfadara. Así fue todo hasta que a los treinta y seis años y medio le detectaran a Ester un tumor en la cabeza. Los padres de Ester habían muerto tiempo atrás y Héctor, su pareja, le dijo que tenía que darle un tiempo una semana después de haber recibido la noticia. Desde entonces Clara cuida, como lo que realmente son, dos hermanas.

Días como estos Clara le saca la lengua por sus malas caras, le quita el pañuelo haciéndola correr por toda la casa hasta que con su risa contagiosa empieza también a reír.

Clara le pidió que le jurase que no la iba a dejar nunca sola, que nunca se vaya sin ella, porque si la deja sola va ser ella la que se va a morir.