Onda se cayó directamente en la cama y allí estaba él mirándola como siempre solía mirarla, como si no tuviera remedio y como si el peor remedio que existiera en ese mundo fuera él. Reía como solía hacerlo ella, a carcajada viva sin mostrar ningún tipo de rubor al enseñar todos sus dientes y ya que estaba su parte más bonita del corazón. Paul se tiró encima de ella quitándole la camiseta de manga corta que llevaba entonces se adentro en su barriga, eso hizo que Onda empezara a reír más fuerte porque era la chica con más cosquillas del mundo, pero a Paul no le importaba hacerla reír aunque eso no fuera lo que él quisiera hacer.
A Paul le encantaba zambullirse en sus olores, Onda se parecía a un bosque lleno de toda clase de flores, frutas y demás plantas que existieran en el mundo desde las más corrientes hasta las más exóticas. Sus olores eran como ella, podías sentir el dulce olor de la vainilla, o el atrevido olor del melón o la acidez de cualquier limón o el soleado olor a coco... Y Onda podía ser todos esos olores en un segundo, eso era lo que adoraba Paul de ella que igual podía ser la cosa más dulce del mundo que igual te salía por las ramas y te la veías colgando de algún rincón de su habitación.
Onda sonrió, se terminaron las carcajadas, él también. Los dos se entendían, los dos se complementaban, y siempre compartían esa chispa de luz en sus ojos...
-Sin lugar a duda te comería mordisco a mordisco, pequeños y sabrosos mordiscos.
"
Era de las que rompen los puentes con solo cruzarlos
".
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8 de octubre de 2010
Tenía cosquillas hasta en el corazón
8 de noviembre de 2009
Raquel sólo regalaba sonrisas por la mañana
Una vez, de esas que bebes demasiado en un bar, conocí a una chica pelirroja que regalaba sonrisas por la mañana. Su cara tenía una bonita apariencia, y aunque todo aquello lo recuerde difuminado se que sus ojos eran verdes como el césped recién cortado. Ni siquiera nos detuvimos a saludarnos, sólo le pregunté como podía sonreír un Lunes a las diez de la mañana después de estar un Sábado bebiendo whisky con hielo. No me contestó, sólo dejó que su risa inundara todo aquel espacio tan reducido. Pero me contó su pequeño secreto, por las mañanas regalaba sonrisas pero por las noche las cobraba a aquél que quisiese una de ellas.Era una insolente, con su pelo medio ondulado y su frescura al moverse. Pero era feliz, más feliz que cuando a un niño le compran su primera bicicleta y se pasa semanas intentando montarla hasta que al fin sin querer se le escapa al pobre padre como cuando los globos salen volando en navidad.
Me dio un beso en la mejilla y se largó. No sé nada más de ella, me dijeron que se llamaba Raquel y que ahora toma vodka para merendar. Pero yo ahora sonrío a las siete de la mañana, durante todo el día para tener el mismo rostro que tenía ella.
29 de marzo de 2008
Un lugar mejor
La lluvia ha vuelto a mi mente como lo haces todas las noches cuando yo estoy dormida.
Recuerdo aquella noche que tiraste piedrecitas a mi ventana, yo pensaba que seria la lluvia ya que hacia varios días que no dejaba de llover pero algo me dijo que no era así, creo que teníamos algún tipo de conexión ¿todavía lo tenemos?
Allí estabas tu con una chaqueta mojada por completo pero con una sonrisa que hacia que todo lo demás no importara, me propusiste que bajara a bañarme contigo, yo me negué, vaya estupidez ir a bañarnos con el frío que hacia y además mis padres me matarían como no me vieran en la cama.
Luego me cambiaste la forma de pregunta me preguntaste si deseaba ira bañarme contigo, me mirabas a los ojos, los recuerdo perfectamente eran marrones como el chocolate con leche, pasaba muchas tardes mirándolos y fijándome en ellos buscando alguna forma de decir todo lo que me hacían sentir unos simples ojos marrones había miles de chicos que tenían los ojos marrones pero no eran igual, no tenían aquella magia que me transmitían los tuyos.
Al fin me sonreíste y salte por mi ventana, no era la primera vez que me escapaba, pero si que eras el primer chico con quien lo hacia, cuantas monedas nos han separado…
Solamente mis pies tocaron el suelo me fui rápidamente a tus deseables brazos, nunca me he sentido tan segura en unos brazos que algunos aseguraban ser unos brazos criminales…
Me diste la mano y corrimos fuera del terreno donde vivía saltamos varios charcos y creo que en uno me resbale, si, me resbale y ensucie mi vestido que al día siguiente Marie me pregunto donde me había manchado.
Llegamos al parque y nos escondimos, si alguien nos veía y llamaba a la policía te hubiera llevado a la cárcel o quizá a un sitio peor acusado de no se cuantas cosas que tu no has hecho y por supuesto muchas de ellas serian abusos sobre mi.
Me acerque hacia ti… mi cabellera roja estaba toda mojada y algunos mechones caían sobre mis pechos mojándoles un poco mas y dándole un poco de sensualidad… intente besarte pero me negaste y solo pude darte un beso en la comisura. Cuantos besos me robaron…
No lo entendía, con solo quince años y no entendía por que dos personas no se podían querer mientras que millones se podían casar y tener hijos solo por dinero y no ser rechazadas por su padre o a veces toda su familia. Cuantos niños no pudimos tener…
Volvimos a mi casa y me llamaste princesa, yo te dije que ninguna princesa tenia el cabello rojo, me sonreíste y te fuiste diciéndome que mi cabello era rojo a causa de las miles de rosas rojas que hicieron una princesa tan preciosa como yo. Cuantas noches que teníamos para hacer el amor no nos dieron…
Pero mi felicidad solo duro un año más a los dieciséis años moriste por causas extrañas según la policía, pero yo se que no era asi, mi padre se entero que estabas conmigo y mando matarte. Cuantas sonrisas me quitaron…
Ahora con veinte años casada con un hombre que no se como se llama, con un niño de dos años y con gemelos de camino, solo cuento el tiempo que me falta para irme contigo para irme al lugar donde estas tu, ese lugar donde seguramente podremos ser felices. Este es mi quinto intento de suicidio espero que en este nadie venga a por mi
Recuerdo aquella noche que tiraste piedrecitas a mi ventana, yo pensaba que seria la lluvia ya que hacia varios días que no dejaba de llover pero algo me dijo que no era así, creo que teníamos algún tipo de conexión ¿todavía lo tenemos?
Allí estabas tu con una chaqueta mojada por completo pero con una sonrisa que hacia que todo lo demás no importara, me propusiste que bajara a bañarme contigo, yo me negué, vaya estupidez ir a bañarnos con el frío que hacia y además mis padres me matarían como no me vieran en la cama.
Luego me cambiaste la forma de pregunta me preguntaste si deseaba ira bañarme contigo, me mirabas a los ojos, los recuerdo perfectamente eran marrones como el chocolate con leche, pasaba muchas tardes mirándolos y fijándome en ellos buscando alguna forma de decir todo lo que me hacían sentir unos simples ojos marrones había miles de chicos que tenían los ojos marrones pero no eran igual, no tenían aquella magia que me transmitían los tuyos.
Al fin me sonreíste y salte por mi ventana, no era la primera vez que me escapaba, pero si que eras el primer chico con quien lo hacia, cuantas monedas nos han separado…
Solamente mis pies tocaron el suelo me fui rápidamente a tus deseables brazos, nunca me he sentido tan segura en unos brazos que algunos aseguraban ser unos brazos criminales…
Me diste la mano y corrimos fuera del terreno donde vivía saltamos varios charcos y creo que en uno me resbale, si, me resbale y ensucie mi vestido que al día siguiente Marie me pregunto donde me había manchado.
Llegamos al parque y nos escondimos, si alguien nos veía y llamaba a la policía te hubiera llevado a la cárcel o quizá a un sitio peor acusado de no se cuantas cosas que tu no has hecho y por supuesto muchas de ellas serian abusos sobre mi.
Me acerque hacia ti… mi cabellera roja estaba toda mojada y algunos mechones caían sobre mis pechos mojándoles un poco mas y dándole un poco de sensualidad… intente besarte pero me negaste y solo pude darte un beso en la comisura. Cuantos besos me robaron…
No lo entendía, con solo quince años y no entendía por que dos personas no se podían querer mientras que millones se podían casar y tener hijos solo por dinero y no ser rechazadas por su padre o a veces toda su familia. Cuantos niños no pudimos tener…
Volvimos a mi casa y me llamaste princesa, yo te dije que ninguna princesa tenia el cabello rojo, me sonreíste y te fuiste diciéndome que mi cabello era rojo a causa de las miles de rosas rojas que hicieron una princesa tan preciosa como yo. Cuantas noches que teníamos para hacer el amor no nos dieron…
Pero mi felicidad solo duro un año más a los dieciséis años moriste por causas extrañas según la policía, pero yo se que no era asi, mi padre se entero que estabas conmigo y mando matarte. Cuantas sonrisas me quitaron…
Ahora con veinte años casada con un hombre que no se como se llama, con un niño de dos años y con gemelos de camino, solo cuento el tiempo que me falta para irme contigo para irme al lugar donde estas tu, ese lugar donde seguramente podremos ser felices. Este es mi quinto intento de suicidio espero que en este nadie venga a por mi
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