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Era de las que rompen los puentes con solo cruzarlos
".


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22 de julio de 2009

Scary Movie

–¿Sabes?, nunca me gustaron las peliculas de terror. Y eso que el miedo era un sentimiento fácil de esconder, solamente tenías que cerrar los ojos y pensar en cosas bonitas, como cuando te decían de pequeño. Al contrario que otros sentimientos como el dolor o la tristeza mucho más difíciles de esconder. Pero los films de terror eran otra cosa. Ese miedo hacía que me entraran ganas de gritar y llorar al mismo tiempo deseando querer salir lejos de allí, a sabiendas que con torpeza no llegaría ni a un metro. Aquel sentimiento hacia que me sintiera en mi habitación -un lugar aparentemente seguro- con un sanguinario, cruel y retorcido asesino. Lo peor es que aquél lugar estaba cerrado con el pestillo echado y verjas en las ventanas. Todo empezaría de nuevo, me tiraría encima del asesino llorando y pidiendo clemencia. Por supuesto haría algo que no les está permitido hacer a los villanos, lo que el señor misterioso dijo que los asesinos no hacían. Le pediría una sola llamada, la manera más débil de querer arreglar lo que hace tiempo que una destrozó.

–Y..., ¿a quién llamarías?

16 de marzo de 2009

Encuentro mostruos de todos los colores debajo de mi cama

-Eres una miedica -grita el desde la otra punta de la calle, yo me escondo dentro de mi, no quiero que la gente me vea. -Lo ves! Tienes miedo a todo, tienes miedo a lo que diga a lo que piense, tienes miedo a esa mujer que no conoces de nada.

Y vuelve a tener razón, da un pleno al 15 en dos segundos y yo me muero por dentro. Me gustaría plantarle cara, porque se que se sentiría satisfecho de mi si empezara a gritarle diciéndole que no soy una miedosa, que no le tengo miedo al mundo simplemente, no tengo ganas de discutir.

Pero se que terminaría perdiendo porque el bien sabe, que siempre escribo en tercera persona para no tener miedo de mi misma.

Me siento en el suelo esperando a que venga a por mi, esperando a que me de ese aire fresco para atreverme a todo. Se acerca lento sin prisas, arrastrando los pies para que yo note su presencia cada vez más cerca.

- Cada noche intento no mirar debajo de mi cama por si hay algún monstruo pero nunca consigo dejar de hacerlo, porque cada noche encuentro a uno distinto. El miedo corre detrás de mi y por mucho que lo intente siempre me coge.

Me abraza, me abraza por dentro y por fuera, y ahora es cuando pierdo el miedo cuando se queda a unos cuantos metros alegado de mi dejándome ser feliz por instantes. El mismo instante en que busco un nuevo sabor en la boca de mi acompañante, en la boca del único que miraría debajo de mi cama si se lo pidiera.

30 de noviembre de 2008

Aquel llamado Miedo

Se acurrucaría echa un novillo y empezaría a sollozar como cada vez que se siente débil. Ese es su instinto, dejar que el miedo poco a poco se vaya apoderando de ella. Pero esta vez prefiere coger a técnica de saber que todo va a ir bien y si cae se levantara las vueltas que haga falta con o sin ayuda. No le importa ver sangrar sus tobillos si con eso consigue continuar siendo quien es.

Aunque el miedo lo lleve dentro no va a dejar que nadie lo note ni su manera de actuar cambiará. Si el miedo quiere vivir dentro tendrá que enseñarse a convivir con sus días felices.

Y por micho que le diga que se apellida Miedo a ella no le causa el más mínimo

27 de octubre de 2008

Pesadilla

Lo ultimo que desea es meterse en la cama. Aquel lugar que siempre le sirvió de refugio ahora esta lleno de terror. Le gustaría quedarse toda la noche despierta y no cerrar los ojos, pero el sueño se hace otra vez mella en ella, y poco a poco va cerrando los parpados hasta sumirse en un sueño.

Se encuentra en el lugar de siempre, con la gente de siempre, pero poco a poco va apareciendo su miedo con la oscuridad. Se ahoga, respira sin poder absorber el aire por sus pulmones, y corre aunque se caiga a los dos segundos. Aún después de todo no suelta ni una lágrima, no puede, no le salen. Bien sabe ella que debe ser fuerte, pase lo que pase, por que lo prometió a la persona que mas le a dado, a ella misma.

De repente sin esa explicación lógica que nunca suele tener, empieza a reír a carcajada limpia. Se despierta acurrucada abrazando a ese par de cojines que todas las noches la acompañan, con un sabor amargo en la boca y un mal presentimiento en la cabeza.

La pesadilla no es simple una mala noche,
si no el principio de un día.