No llora porque todo se terminó, lo sabe muy bien, llora porque sus ángeles de la guarda se fueron a volar lejos. Lejos de ella, que por supuesto por alguna estúpida razón cree en ellos, en que la cuidan, en que la abrazan cuando siente que hasta aquí llegó todo, porque nunca ha escuchado su voz y aún así sabe como suena, conoce ese timbre que realmente la tranquiliza. Pero la abandonaron, como abandona la fantasía a un niño que ya creció sin querer. Lo malo de ella es que no sabe echar a correr, se cae sola en un terreno llano y hace tres años que lleva diciendo que éste aprende a montar en bicicleta. Y duele, haciéndole entrar náuseas del dolor.Sus ángeles nunca sabrán que son ellos, porque es otro de sus innumerables secretos de quinceañera. Porque me duele escribir en primera persona y contar el momento que empezó todo aquello, en que lo descubrió lo que realmente le salvó la vida, recuerda ese momento que dijo "Para, ¿quién eres?" las horas pasaron más rápido para llegar a volver a lanzar otra pregunta, otra pregunta que la lanzaba directamente a la vida.
Y si mis ángeles se fueron, si me dejaron soa es porque esta vez tenía que levantarme sin miedo con las rodillas sangrando y sabiendo que en cualquier instante volvería a caer.
