"
Era de las que rompen los puentes con solo cruzarlos
".


23 de marzo de 2016

Nadie tiene la suficiente paciencia para estar dos minutos escuchando y uno hablando

Micaela llevaba el cabello corto y ondulado, era una especie de pequeños nidos de pájaros revoloteando por allí. Su mirada era oscura, tenue, quizás por la cantidad de lápiz negro corrido en su cara, el cual formaba unas largas líneas que le llegaban a la comisura de los labios donde el carmín le pedía a gritos otro baile más.

La gente iba y venía por aquel gran salón repleto de personas. Cada una tenía sus propios problemas, vidas e historias. Aquellas historias eran reales, propias. Sin embargo, Micaela no tuvo esa suerte. La gente reía y vociferaba anécdotas por todas partes. las historias no tenían en ningún momento otro propósito que mostrar al resto su emocionante aunque típica vida. Micaela tuvo la oportunidad de escuchar dos o tres. Tiana, una mujer mayor con cabellos grisáceos, contaba cuando su querida gata le robaba sus sombreros para esconder comida. Esta anciana nunca se olvidaba de echar una estruenda carcajada cada vez que la gente empezaba a dormirse.

Por otra parte, estaban Lucas y Gabriel, dos jóvenes adolescentes que vivían del dinero que sus padres les seguían proporcionando. A estos dos jóvenes les entusiasmaba insultar a prostitutas y pagar por sus servicios para terminar echándolas al río más cercano cubiertas de barro. Estos siempre se excusaban como buenos cristianos diciendo que aquello no era nada más que una piadosa lección de Dios. Micaela agradeció estos actos tan bondadosos invitándoles a una copa de champagne, no sin antes regalarles en sendos vasos un pequeño salivazo lleno de odio.

En aquel momento decidió separarse del resto de la gente, a sabiendas de que aquello no encajaba con ella. Era curioso pues, a pesar de las ridículas vidas de cada uno de los asistentes, todos ellos tenían algo que ella nunca había conseguido tener: una vida de verdad y propia. Estando allí sentada a nadie le importaba quién era ella. Nadie tiene la suficiente paciencia para estar dos minutos escuchando y uno hablando.

Su vida nunca había sido un éxito, y cuando lo era, daba igual. Siempre había alguien mejor que ella, alguien al que anteponer su triunfo al de ella. Y lo mismo sucedía cuando su vida se iba al traste. Cuando intentaba soltar por aquella pequeña boca el dolor que le asfixiaba en su pecho ya había otra voz ocupando su puesto para relatar algo muchísimo peor.

A nadie le importan los papeles secundarios en las películas, o eres el protagonista o seras otra maldita bambolina más del escenario. Todos miran hacia delante esperando ver la estrella y nadie se pregunta que igual aquella pequeña chica con el maquillaje corrido también tiene algo que decir. Igual, si alguien la hubiese dejado hablar, si alguien se hubiese sentado a su lado y le hubiese preguntado qué tal su día, ella, asombrada ante tal acto de valentía hubiese dicho: bien, todo va muy bien.

14 de septiembre de 2015

¿Y los poetas? Al final lo de las musas era una mentira para llevarte a la cama

Nos vendieron que todo cambia, que al final nada permanece, que todo fluye como si se tratase de un río. Nunca te bañarás en el mismo agua dos veces, mintieron, no supieron las veces que me tiraría de cabeza aquella misma piscina. Una lástima que en cada una de ellas siguiese vacía. Al fin y al cabo todo resultaba vacío en este mundo, los profesores nos envenenaron tanto con aquello de que el orden de los factores no altera el producto que, al final,
por muchos factores positivos que metieses en tu vida, esta siempre acabaría en el cubo de basura.

Cuando tuvimos a la tierra a un palmo de mano soñábamos con ser astronautas, por aquel entonces  los juegos de princesas empezaron a pasarse de moda. Regalarnos la luna nunca estuvo tan cerca de nuestras manos como por aquel entonces. Ahora, nos encontrábamos arrastrándonos por los sitios más oscuros de la ciudad rebuscando entre el pasado el motivo de nuestro presente. Finalmente, como cada día, volvíamos a casa con un poco menos de esperanza y un poco más de arrepentimiento. De nuevo en esa casa encontrábamos ese río que no corre, esa piscina vacía, ese pasado que no avanza, que está presente más allá de las leyes de la naturaleza.

Ni la poesía era capaz de salvarnos de aquel maldito desastre cultural. Las palabras ya no nos transmitían lujuria, aquella insolencia de leer poesía a altas horas de la mañana ya no conseguía salvar almas. La poesía se había convertido en otra puta barata de aquel estúpido mundo, no es que nadie la dejó tirada. Ella se fue. Recogió sus cosas una tarde de verano, porque la poesía no podía abandonar este mundo otro día de la semana. Solo lloró una vez, pues con el dinero que había ganado durante toda su vida no pudo pagarse nada más que un pañuelo sucio.

1 de julio de 2012

Hay noches que también terminan así, sin finales felices

Estaban cara a cara, ella estaba seria y de vez en cuando se tambaleaba de un lado a otro debido a su estado de embriaguez. Él miraba de un lado a otro intentando no cruzar la mirada con ella, como si fuera un repelente, estaba tenso, inquieto quería salir de allí. No le molestaba estar con ella, pero de esta manera sí, nunca se pudo enfrentar a sus ojos críticos y valientes. Ella era capaz de saltar por la ventana.

- Quiero que me beses
- ¿Qué? - se giró y la miró atónito.
- Nada, joder, déjalo.

Con el ceño fruncido le dio una patada al bote de coca-cola que había en el suelo.

- Estás borracha.-Suspiró.
- Aquí la única que le tira las culpas de todo al alcohol soy yo, así que cierra esa maldita boca.
- ¿Y qué esperas que haga?
- Que me beses. Maldito tequila- dijo entredientes.
- No te voy a besar, no esta noche borracha y toda desarreglada.
- Nunca he sido perfecta.
- No lo has entendido.
- ¿Perdona? ¿Qué no he entendido que has matizado el no esta noche? Claro que lo he entendido, por eso te he pedido que me beses esta noche porque ya nunca voy a estar tan borracha para desear que me beses. Ya no habrán otras noches.

Y se largó, para ella la noche había terminado. Hay noches que también terminan así, sin finales felices.

26 de abril de 2012

Tenía razón, él no sabía nada de mí.

No hay nada más provocativo que ver a una mujer bebiendo cerveza. Fue una de sus primeras frases. Yo tambien lo pensaba, así que le di otro trago a aquel líquido que contenía el vidrio verde. Sonreí. Sabía que nos estaba mirando, desde lejos, quizás un poco molesto, quizás sin saber como actuar. No hay nada peor que hacerle ver a un niño que realmente lo que está a su alrededor no le pertenece, que lo que le envuelve también tiene vida propia.

Me acerqué todavía más hacia él, era la primera noche que salía por aquél lugar con aquella gente. Había bebido, quizás demasiado porque hoy no me acuerdo de muchas cosas, tal vez lo suficiente. Una mirada cómplice se cruzó entre nosotros y supe que aquella noche no iba a dormir en mi cama. Ya la tenía muy vista, muy oída, muy tocada... muy yo (muy tú).

-Conozco algo más provocativo que una mujer bebiendo cerveza.- Se lo dije en voz baja aunque lo suficientemente potente para oírme en medio de aquel jaleo.

De nuevo, repetí el ritual de sonrisa y beber, esta vez miraba al frente, como quien la cosa no va con él. Yo solía mostrar mis cartas y luego marcharme como si no hubiera pasado nada. Tenía una buena sonrisa, un buen cuerpo y bastante chulería, era la persona perfecta para no enamorarse de ella. Exactamente lo que quería. ¿Te besé?, ¿me besaste?, quién sabe, lo único que sé es que no quería verle. No quería verle hasta que su mirada se cruzó con la mía diciéndome que realmente no me conocía. Tenía razón, él no sabía nada de mí.

16 de marzo de 2012

Y en el porno hay poesía.

Amanda recogió sus bártulos por quinta vez consecutiva. No sabía hacia donde iba, lo único que tenía claro es que estaba hecha un saco de huesos y solo le quedaban dos billetes, uno con diez euros y el otro era un viaje de tren con dirección a España. No llevaba cuñada ninguna fecha, lo había comprado el verano del 2008 cuando marchó a París. Quizás la excusa era que estaba cansada de ir desnuda por todas las camas, que ya no había nada bonito en su cuerpo. Quizás huyó del te quiero que recibió hace 479 noches. Era una chica inteligente sabía huir del amor el cual por experiencia sabía que solo le traería una desgracia tras otra.
Esta vez había sido diferente, esta vez no había contado con que ella también se enamoraría.
Y entonces Amanda salio a la calle desnuda.

9 de marzo de 2012

Trenes que se estrellan

Allí toda la gente le parecía extraña, no había ningún rostro cuyos ojos le transmitieran algo de amor. No iba a venir, lo sabía, lo supo en el momento en que se lo propuso y ella añadió "entonces no" pero él insistió y dijo "claro"- sí claro, claro que no ibas a aparecer. No hay nada más triste que una muchacha con ojos perdidos buscando aquello que sabe que no va a encontrar.
Era un desastre, el desastre de su vida. Se había levantado a las nueve, después había fregado los platos, limpiado el baño, puesto una lavadora y tendido la ropa. Finalmente, se había vestido y maquillado aunque por el camino había discutido con el maldito lápiz de ojos que hoy no tenía ganas de funcionar correctamente. Después había bajado por las escaleras corriendo y se tiró contra unos chicos que hablaban de estupideces y que se quedaron asustados cuando aquella chica entró como alma que lleva el diablo. Ahora estaba ahí, sola, observando a ese maldito tren con dirección a algún lugar que detestaba.
Sabía eso de los pensamientos positivos, sabía que podía bajar en la siguiente parada y esperar a que pasara otro tren que la llevara a aquel lugar que ella quería. Muy a su pesar no todo era tan fácil, estaba segura que si lo hacía seguro que el tren se estrellaría o el suyo nunca saldría o cuando fuera a subir lo perdería o cualquier estupidez que le pudiera pasar a ella.
Cuando las leyes de la naturaleza te prohíben estar con alguien deberías parar de intentarlo.

2 de marzo de 2012

Vente conmigo, acuéstate, cierra los ojos y a ver si nos encontramos

Puso la mano encima de sus ojos y le pidió que los cerrara. Ella cerraba uno mientras abría el otro y levantaba la ceja sin terminar de fiarse de sus palabras. 

Quería que volaran muy lejos de allí, a un lugar donde todo era verde y habían precipicios enormes donde corría un agua clara y pura. En aquellas montañas habitaban los animales más exóticos y a la mínima que te descuidases se comían todo el chocolate que llevases en la mochila. La niña miraba su tableta de chocolate y le preguntaba si el blanco también les gustaba, él sonreía con un claro, ¿y a quién no le gusta el chocolate blanco?

Ainara no quería cerrar los ojos, no quería dormirse y que él no lo hiciera, podría ser una catástrofe que la abandonase en aquel lugar tan extraño. Sus historias la apasionaban, siempre se le hacía tarde demasiado pronto aquellas noches en las que dormía a su regazo mientras le contaba sus aventuras. El chico le había prometido aquel viaje, ir a ese lugar juntos, le decía "acuéstate y cierra los ojos y a ver si nos encontramos" pero de pronto Ainara se levantaba de un salto y le hacía rectificar sus palabras. No quería que fuera un "a ver si nos encontramos" quería que le diera unas coordenadas, el lugar exacto donde encontrarse. Él con sus ojos azules la miró y le dijo que tan solo tenía que silbar, que conocía sus silbidos a kilómetros de casa, por esa razón con tan solo tres años ya la había enseñado a silbar hasta hacer enfurecer a su madre.

14 de febrero de 2012

La peor carta de amor de nuestra historia


La mejor frase de amor que he oído en mi vida fue cuando escuche aquella en que decían que lo mejor que te puede pasar en la vida es que ames y seas correspondido. El amor es eso amar y que no te amen "amarás a quien no te ama por no haber amado a quien te amó", lo bonito es cuando todo cambia cuando consigues hacer que te amen, cuando construyes un mundo piedrecita a piedrecita. El amor no aparece de la nada, no aparece de la nada entre dos personas que se miran y se declaran en matrimonio, el amor hay que crearlo y hay que cuidarlo.
El amor a personas como a mí nos da miedo nos asusta, porque amor significa romper las barreras de seguridad y eso implica que te puedan hacer daño porque metes a alguien en tu vida, esa tan métricamente calculada que tenías desde hacía ya tiempo y de repente aparece alguien que rompe tus planes y a veces resulta que controla más de tu vida que tu misma.
Para mi el amor es una tragedia griega al principio todo marcha bien, crees que todo podrá ir bien que tu y yo podremos ser un nosotros, que contigo sea contigo y con nadie más que nuestro plural nos incluya a nosotros y que nosotros solo seamos tú y yo. Pero como toda buena tragedia griega que empieza con un principio bonito y esperanzador sabes que el final te matará, lenta y duramente sin compasión sin acordarse que solo eres un pobre enamorado más. Que entre tú y yo no hay un nosotros, estás tú y estoy yo, que lo que dices es eso... solo lo que dices, que los dobles sentidos no existen más allá de tu mente que si no te dice nada es porque no hay nada que decir...
Espero que pienses en lo que aquí te he escrito una semana, un día, una hora, un minuto, un segundo, lo que sea, pero que sepas que pienses lo que pienses yo estaré esperando otra de tus historias.

2 de enero de 2012


Pregúntale del tiempo, y a ver si se acuerda de mí.

Pregúntale si es cierto que nadie la ve sonreír.
Pregúntale que añora y en qué piensa cuando llora.



Extremoduro - Mi espíritu imperecedero

26 de diciembre de 2011

Se amaron como dos locos enamorados, el primer día le declaró su amor, el segundo le pidió que no la matase


Sus miradas se cruzaron y un montón de palabras empezaron a salpicar sus jóvenes labios. No se conocían, simplemente, habían coincidido en un mismo lugar y en una misma gente. Todos hablaban, todos se conocían, y allí estaban ellos dos muriéndose del asco. Cosas del destino o quizás mera casualidad, los dos comenzaron la conversación con su nombre. Allí no había nadie dispuesto a presentarlos, era demasiado pronto para dejar de beber y empezar con la cortesía. Ella se llamaba Alma y él, Javier. Y, como todas las personas destinadas a amarse como locos, cada sonrisa les llevaba a otra sonrisa y, de repente, se abrazaban y reían de nuevo. Aquel lugar ya no parecía tan espantoso cuando sus manos empezaron a juntarse y a jugar entre ellas. Aquella repentina amistad se convirtió en algo más cuando en menos de media hora cada uno ya conocía todos los secretos del otro.

Alma se puso de rodillas encima de las piernas cruzadas de Javier, él sonreía sacándole la lengua y haciéndose el maduro como si solo hiciera aquello para contentarla. En realidad, Javier llevaba sin reír desde el verano del 2009 cuando se encontró a Nikki en la cama de Joel. No le pidió explicaciones, ella tampoco se las dio nunca.
Javier se acercó a su oreja y le susurro en medio de aquel gran murmullo le pidió que le diera lo que más se apreciara, una cosa que para ella fuese importante. Alma se quedó atónita al ver la seriedad de sus palabras ella se miró y buscó algo que darle. En su mano izquierda, llevaba dos pulseras que le habían regalado; en el cuello, un collar del festival de música del 99; en el bolsillo derecho guardaba una foto de ella a sus cuatro años montada en bicicleta. Alma sonrió besó sus labios y le dio lo más importante que tenía, su mano.

1 de diciembre de 2011

Al quinto tequila ya no recordaba su peculiar visita

Hacía más de media hora que lo había visto por ahí, lo vio en el momento que entró y paró la respiración para que cogiera aire el corazón. Ahora estaba sentada a una banqueta con los brazos apoyados en la barra intentando pensar en ella.

―No esperaba encontrarte aquí― dijo desde detrás de su oreja, cualquiera que no fuera ella no lo hubiera oído pero aquella voz le pinchaba el corazón a la vez que lo sacudía de una forma extraordinaria.
―No voy a engañarte, yo tampoco.
Seguía con su mano tirada hacia abajo cogiendo el vaso de tequila. Sus labios no mostraron ningún tipo de expresión como si su presencia no la estubiera matando por segundos.
―Y todavía menos bebiendo sola.
Se bebió de un trago la cuarta ronda de tequila. Ella tampoco esperaba encontrarse tirada un jueves por la noche en un bar bebiendo tequila.
― ¿Te gusta el tequila?― seguía hablandole como si sus movimientos le bastasen para recibir sus respuestas amargas.
Sabía que su presencia la irritaba, que le hubiera gustado incrustrar el vaso en su cabeza y abandonar cortésmente aquel bar, pero ella seguía allí intentando que su corazón no superara el ruido de la música.
― Al parecer, sí.― contestó secamente. ―Otro por favor.― en realidad hubiera querido pedir la botella entera.

Sus piernas tenian ganas de huir de allí pero esa idea estaba en su cabeza. No pensaba hacerle el favor de desaparecer por las buenas. Aquel era su lugar, lo descubrió una noche cuando entró y se sintió como si el mundo le hubiera dado una tregua.
Él en cambio intentaba que se diera la vuelta. Intentaba que sus miradas se cruzasen y rompieran esa barrera y ver que todo estaba igual, que ella seguía siendo la misma. La que todos los miercoles a la una y diez de la noche le enviaba un mensaje diciéndole que lo necesitaba. En realidad hoy necesitaba el tequila más que a él. Bueno, hoy y el resto de sus días. No abandonó su mirada perdida entre copas y botellas de alcohol barato. Su batalla había terminado ahí. Lo único que había aprendido de él es que debía dejarlo, a parte, en una cajita donde guardar sus recuerdos y continuar pudiendo sobrevivir.

12 de noviembre de 2011

O bien naces simple o bien naces como yo

Las mujeres de estas revistas algunas son novias de verdad, no todas son modelos. Cómo sonríen es como si lo único que les preocupara fuera encontrar los zapatos perfectos para su vestido. Yo he conocido a chicas así fui al colegio con ellas; es curioso, antes me daban lastima por su simpleza: solo quieren un chico y casarse y vivir bien. Yo creo que o bien naces simple o bien naces como yo. Quiero ser de las personas a las que encontrar un vestido les hace felices, quiero ser simple. Nadie apunta con un arma a una chica simple.


Cristina Yang
Anatomía de Grey

20 de octubre de 2011

Estrofa a estrofa, nota a nota

La besé porque ella creia en las canciones orgásmicas. Quizás también fue por algo más pero ahora no me acuerdo. Ella me explicó que era eso de las canciones orgásmicas ocurrió la primera vez que la conocí, cuando a lo lejos empezó a sonar una canción que hizo que se quedara quieta en medio de la calle con los ojos cerrados durante unos largos minutos. Hasta que aquella canción no terminó de sonar ella no recobró la compostura, en ese instante ella abrió los ojos y por unos instantes pudo comprobar mis anonadantes pupilas absortas por aquello que acababa de suceder. Solamente sonrió y me explicó todo aquello.

Las canciones orgásmicas eran aquella canción que la primera vez que la oíste ya sentiste que tu vello se ponía de punta, notabas temblores en tu interior y cuando llegabas a casa solo pensabas en ella, más que pensar era una obsesión con esa canción que buscabas y rebuscabas hasta que tras varias horas de pelea la encontrabas. El momento crucial venia cuando la escuchabas tranquilamente, cuando absorbías estrofa a estrofa todas sus notas y entonces es cuando lo notabas. Sentías que tu cuerpo se corría ante tal bacanal de sonidos que se transmitían desde tu tímpano hasta tu cerebro recorriendo la pequeña cadena de huesos que tenemos al interior del oído. Las canciones orgásmicas eran aquellas que te provocaban orgasmos auditivos y ella era mi canción orgásmica.

¿Una canción orgásmica?

16 de octubre de 2011

La chica reincidente


Se la conocía como a la chica reincidente, de las que se caían todas las mañanas mientras desayunaban tostadas con café caliente y media mandarina. Se pasaba horas en el suelo y hay quien cuenta hasta días. No podía levantarse, su corazón le dolía tanto que sus piernas no soportaban tanto peso y caía a plomo. Más que la chica reincidente yo la llamaría la chica residente en el suelo.


Nadie podía quedar con ella hasta las siete de la tarde, después de limpiar todo el estropicio que hacia al levantarse seguido de su rutinal caída al suelo. Un día subí a su piso a causa de unas goteras que me estaba provocando. Cuando llegué el agua me llegaba por las rodillas y allí estaba ella, ahogándose entre sus propias lágrimas. Debía llevar allí al menos unos dos días, la verdad es que en aquel instante solo necesitaba que alguien la cogiera de la mano y le preguntase que la estaba matando.

En realidad, creo que no hacía falta ser muy lista para saber quién la estaba matando en vez que qué.

28 de septiembre de 2011

El corazón de Annette era más fuerte que toda Rusia

Sus cabellos dorados y su piel blanca como la nieve la delataban como un lobo en medio de un ramado de ovejas. Sus ojos azules miraban desconcertados hacia uno y otro lado sin encontrar aquello que buscaba. La pequeña Annette corría por en medio de las vías del tren chocándose contra mujeres mayores que llevaban sombreros enormes que cubrían casi sus voluptuosas cinturas.

Gritaba con todas sus fuerzas para llamar la atención de su madre y que ésta se girase. Annette acababa de llegar de Rusia, había pasado las vacaciones de navidad con su abuela en un pueblo cerca de Moscú. La abuela se lo pasaba genial con su pequeña nieta que a penas tenía cinco años recién cumplidos, Annette se pasaba el día fuera de la cabaña revolcándose por la nieve al lado de Albus, un terranova que medía poco menos que Annette. A mediados de enero la abuela Carminam Lunae recibió una carta de Rubensquens, la madre de Annette diciéndole que había encontrado un lugar para vivir y un trabajo que le permitía sustentar a su hija y a ella. La carta iba acompañada de un billete de ida de tren.

Y allí estaba la dulce Annette corriendo hacia su madre con los ojos llenos de esperanza, ansiosos por descubrir una nueva vida donde no tuviera que comer pan con leche todo el día y esconderse al sótano de casa a partir de las siete de la tarde hasta el día siguiente.

18 de septiembre de 2011

Lo único que deseaba era poder tocar una puntita de nube

Vera nunca se creyó esas historias de un príncipe y una princesa que vivían felices en sus respectivos castillos. Ella prefería que le hablaran de jirafas y sus cuellos tan alto, pensaba que cuando las jirafas eran muy viejas sus cuellos habían crecido tanto que podían ver por encima de las nubes. Se lo contaba a todo el mundo y estos nunca dudaron en reírse ante tal estupidez.

En realidad no es que Vera creyera en esa teoría, es que necesitaba creer en ella. Siempre fue una niña muy pequeña de esas que con cinco años seguían confundiéndola con una niña de tres años. Hasta sus catorce años no la dejaron subir a atracciones para niños de diez años. Era pequeña demasiado pequeña para una niña tan grande por eso necesitaba encontrar a esas jirafas y decirles "cómo hacían ellas para crecer tan alto, cómo podían ser tan bellas con esas patas tan largas que embelesaban a cualquier muchacho". Y eso hacía que no creyera en los cuentos de príncipes y princesas porque sabía que ella era tan pequeña que su príncipe nunca la encontraría

14 de agosto de 2011

Entendió que aquella mujer se había acostado con su marido

Sus miradas se cruzaron entre copas de champán y unos cóckteles cuyos nombres eran demasiado extravagantes para recordarlos. Anabel pidió una copa de vino blanco frío cuando sus miradas se cruzaron con Alfred. Él medio sonrió al ver su rostro, su mano estaba acompañada de otra mucho más fina hasta llegar a una muchacha de pocos años menor que ella. No era hermosa, demasiado niña con un cuerpecito muy delgado casi sin ninguna curva en su cuerpo con tan solo unas leves protuberancias llamados pechos.

Alfred le presentó a Anabel a Sofie. Era un impresentable susurró Anabel. Recordó su última escapada sus noches de sexo bañados con alcohol caro y juegos eróticos. No le cambia en la cabeza como había tenido la insolencia de traerse a Sofie aquella noche a sabiendas que ella andaría por ahí cerca. El pequeño rostro de Sofie cambió de expresión cuando vio que su recién marido y aquella peculiar compañera de trabajo se marchaban de allí lentamente casi sin decirle adiós.

Lo sintió, en aquel momento sintió que no era una simple compañera que aquella mujer hermosa que ahora mismo le reía todas las gracias se había acostado con su marido. Y ahora estaba ella ahi, la pobre muchachita desgraciada que aguantaba los malos dias a su marido mientras que otras disfrutaban de sus buenos momentos.

11 de agosto de 2011

Él era de los que mataría monstruos por ti por eso no quería que lo destruyeses.

Al parecer le gustaba el estridente el sonido de la puerta al estallarse contra el marco. Estaba cabreada, no hacia falta sacarse ninguna carrera para darse cuenta de ello, pero a ella no le importó y siguió con sus cosas. Clara no llegó a posar su culo en la silla cuando de un salto empezó a gritarle desesperada. Ella levantó la mirada como si los gritos desesperados no fueran con ella, sino que ella tan solo fuera una mera espectadora desprevenida.

-Olvídalo, déjalo, joder déjalo de una vez. ¿No entiendes que él es de los que matan monstruos por ti? Él mata monstruos por ti y tú te pasas las tardes intentándolo matar a él. Esto no es lógico, no es racional. Estoy de tu parte, pero tengo un límite y mis límites se encuentran en no asesinar a nadie.

Exhaló el aire de su boca como si de nuevo aquello no fuera con ella. No quería oírla, no le importaba lo que decía. Estaba celosa, simplemente.

- Nadie le ha dicho que mate monstruos por mí.

Clara puso los ojos en blanco. Eso era lo que ella pedía, que alguien matase monstruos por ella sin pedirselo. Nunca pediría a nadie que matase monstruos por ella, era de esas que se creian que podían matar a tipos azules de tres metros sin ayuda de nadie. Clara cerró los ojos y la abrazó susurrándole que debía de aprender a que debía dejar que él creyese que mataba monstruos por ella.

30 de junio de 2011

Yo mataré monstruos por ti

Voy a hacerme una super heroína, lo decidí esta mañana mientras tomaba té vestida de Sherlock Holmes. Se lo he comentado al pez que robé en Siberia y que hace días que flota pero no me atrevo a tirarlo. He quemado mi álbum de fotos, sigo siendo la misma y pienso que he cambiado. Ingenua. Estaría bien eso de ser una super heroína e ir salvando culos por todo el mundo. (¡Cómo si alguien alguna vez fuera a salvarte tu culo!), no, quizás no sería una salva-culos sería una super heroína de mi misma, me salvaría mi propio culo ('qué imbécil" estás pensando cómo si todo el mundo no se salvara su propio culo) En realidad son pocos los que salvan su culo, lo dejan ahí esperando que algún día las brasas dejen de quemar. No entienden que lo que deben hacer es levantarse e ir algún sitio donde el simple hecho de vivir sea fácil. Bueno, fácil no (no nos pasemos) quería decir soportable, la vida nunca es fácil, si lo fuera no valdría la pena.

Así que puede que no haya cambiado y me siga quemando en las brasas pero no tengo intención de quedarme, lo que haré será apartarme un poco. No es que haya que vivir, sino que también hay que intentar no morir.
Aquí estoy con las bragas fuera y mallas ajustadas. Parezco una pallasa en vez de una super heroína, me lo ha dicho el pez, yo me lo he creído, el pobre todavía no se ha dado cuenta que aunque yo parezca una pallasa él está muerto.

27 de junio de 2011

La puerta de la calle hicieron resonar los cristales.

No entendía nada, sus gritos inundaban la habitación con palabras incomprensibles que a veces cambiaban incluso de lengua. No endendía nada, tampoco hizo nunca esfuerzos por entenderla. Y allí estaba ella cabreada en la habitación amarillenta y completamente desnuda. Él seguía en la cama, al tercer intento de calmarla se encendió un cigarro. Amanda se fue hacia el y le dió un bofetazo. Odiaba el tabaco no lo podía soportar, quizás por esta razón tampoco lo soportaba a él.

El chico empezó a ponerse sus pantalones pitillos para salir de allí, estaba harto de aguantar sus estupideces, nunca en la vida había visto una mujer tan estúpida. No llegó a alcanzar el jersey cuando Amanda de un empujón lo tiró de nuevo en la cama.

-No, no, no. Escuchame, ¿me oyes?, escuchame y deja ya de tonterías. Te dije que nada de besos que solo bailaramos y follaramos. Los besos son para los débiles, para los estúpidos, para los ignorantes. Esos que se creen que el amor es lo más bonito del mundo. Y tú, tú, vienes aquí me desnudas, haces lo que te da la puñetera gana de mi y me dices que me quieres. Pero, ¿quién crees que eres? ¿eh?

Giró su mirada hacia otro lado y suspiró, no, ella tampoco tenía remedio. Estaba loca, psicótica. Se maldecía por el millón de mujeres que había en esa fiesta y le toco la psicótica, la transtornada. Amanda se tranquilizó y de un portazó se marchó a la terraza. Ahí estaba, como siempre la mujer desnuda sintiendo la brisa francesa del mar. Hacía frío, siempre hacía frío para ella, pero ya le era indiferente. No le estaba gustando aquella vida, de nuevo sintió las mismas ganas de marcharse de allí como las que sintió ese veinticinco de febrero a las tres de la mañana en su hotel de Madrid. Ahora tenía una casa a su nombre, un trabajo medio estable y una vida social que le acompañaba a la cama todas las noches. Nada que envidiar aparentemente, pero odiaba que le dijeran que la querían. Mostrar algún tipo de aprecio la hacía enloquecer, como si una bomba explotara hacía salir por patas a todo aquel que se pasara de la raya. Cuentan que una vez tiró de casa a uno desnudo porque le había dicho que le había dicho que quería otra noche con ella.
Jean-Pierre era el único que había conseguido ir a su casa tres veces. Siempre acababan mal, siempre, le arrojaba muebles, ropa, sábanas y todo lo que encontraba. Su relación era de vida o muerte, y siempre acababa con la muerte en las manos. Era un odio mutuo que nadie entendía porque seguían, que era lo que les hacía que quisieran volver a acostarse juntos. Esta vez la pelea fue por un "¿quieres pasarme los pantalones, preciosa?"

La puerta de la calle hicieron resonar los cristales.