Escucha una vieja canción, que ni siquiera creía que pudiese echarla tanto de menos cuando en aquellos tiempos quizá la odiase. Puede que intente volver a sentir lo que sentía hace un tiempo, cuando todo era fácil y cuando todavía no había vivido lo que tenía que vivir. Cuando lo mejor que le podía pasar era encontrar, en el parque de siempre, una chapa de color rosa con un corazón en medio, cuando solo sabía contar cuentos de princecitas.Ahora sabe que ya todo da igual, ahora se sienta en el viejo sofá pensando en lo que hizo mal, para terminar un sábado sin saber que hacer a las seis de la tarde con un bonito sol de verano. Cambia de canal malhumorada recordando de nuevo, porque espera que la vida la vuelva a juntar en aquel momento y cambiar de nuevo su vida. Como si fuera esa simple película que están echando. Ahora su vida le parece esa equación que no supo resolver por una maldita clase de matemáticas que seguía sin escuchar el profesor. La X se escapó se fugó con Y, pero Y era una loca muchachita de huesos de cristal.
Es un poco tarde, piensa entre un resoplo, demasiado para volver a creer en todo aquello que un día le desapareció delante de su cara y todavía no había empezado a disfrutar.
Dame tres días





