"
Era de las que rompen los puentes con solo cruzarlos
".


4 de mayo de 2010

La chica de los sapos y las culebras

Escondido detrás de aquella silla castañeaba los dientes con miedo, una posición muy penosa si yo hubiera sido aquello que debía temer. Pequeño y con las orejas puntiagudas saco su hocico para comprobar si yo era de esos que iban matando criaturas como él. Sus ojos eran verde oscuro con líneas fluorescentes de este mismo color, eran grandes nada proporcionales con el resto de su cabeza pequeña, tenía unos brazos largos que tocaba casi los pies seguidos de tres dedos también alargados, sus piernas en cambio eran cortas como las de un conejo. Me acerqué poco a poco a él, no era el primero que había pasado por mi casa, la anterior luna nueva una especie  de ninfa revolvió toda mi habitación, no me moví de mi cama aunque pude observar sus ligeros y gráciles movimientos con su cara de enfadada donde de vez en cuando torcía la nariz. Esta vez no iba a dejar pasar la oportunidad de no saber a que venía. Aquel bicho enano se movía poco a poco hacia mi, ipso facto me saltó encima corriendo y absorbiendo mi aroma por todo el cuerpo. No sé que encontró pero la forma de sus ojos cambiaron a una posición más relajada.

"¿Quién eres" le pregunte intentando parecer serena. Entonces el duende emitió un sonido ensordecedor. Mis piernas me resultaban pesadas y se doblaban son querer, los ojos se cerraban aunque borrosos conseguí ver que aquel duende me cogía en brazos, aunque por su aspecto podría dudar de su fuerza.

Por último pude apreciar como me robaba el amuleto que me regaló León y que siempre llevaba en el cuello.


Os he podido contar la historia por los pelos
el monstruo de debajo mi cama me lo había escondido.

1 comentario:

La amante bipolar dijo...

Pobre Viola, nadie la quiere.