Y cuando por fin decido hacer un trato y que tu quiero que dimitas, que te vayas al paro, porque no quiero que te pases el día entero trabajando en mi cabeza. He estado todo este trayecto reflexionando, que puede que ya no te quiera como te quería antes, puede que ya no me muera por sentirte detrás, puede que mi sexto sentido para localizarte haya desaparecido, y como al parecer soy la chica invisible (mentiroso, un poco bipolar quizás) lo mejor es dejarlo estar, dimitir, saber que todo esto no es nada ni lo es ni lo fue ni lo será.Creo que lo mejor es hacer un pacto, tu no te metes por mi camino y yo te quito de mi cabeza, dejo de buscarte con la mirada, paso treinta veces por delante tuyo, me guardo tu aroma de recuerdo, hago como si fueras uno más...Pero los días de lluvia son raros, son distintos, los días de lluvia andamos en perfecta sincronización. Primero busco tu rostro entre otros muchos pálidos recién levantados que todavía dudan en si entrar a una aburrida clase de filosofía o perderse otra vez en la dulce cama donde no hubiera debido de levantarse. Renuncio. Tú nunca llegas a hora. Pero no, los días de lluvia son diferente, creo que esto ya lo he dicho antes. Entonces con tu cara más bonita, decides aparecer detrás de mi. Y yo que soy de argumentos fácil de romper decido mandarlo todo a la mierda y entrar por esa puerta que todavía estas sosteniendo para que pase
En el polo norte hace frío aún así, aquí necesito tu calor para vivir
Todo esto me recuerda a que yo antes tenía un paraguas naranja y ahora es azul, debe ser porque hace conjunto con tus ojos. Y también a una canción de días de lluvia, será porque la escuché treinta veces un día que llovía.





