Lo miraba sentada desde el otro lado del sofá, bufando con desprecio. Lavantó la mirada e intentó sostener la suya, pero no pudo aguantarsela por mucho tiempo, sus pupilas se clavaban como cuchillos afilados rasgándole todo su interior.
- Lo sé, no lo debí haber hecho.
- Me da igual que lo sepas, me da igual que ahora mismo sepas que lo has hecho mal. Es como si acabaras de asesinar a una persona y me dices lo siento, de que me sirven tus palabras si ya no me la puedes devolver, de que me sirve que hayas aprendido la lección si ya es tarde para esto.
Se levantó de la silla hecho una furia, como si ella tuviera la culpa de todo como si sus simples acusaciones fueran lo que realmente le dañaba, como si ella fuera la gota que colmara el vaso de un vaso donde el agua ya se había desparramado.
- No tienes derecho a acusarme esto no es asunto tuyo, tu no eres nadie para meterte aquí, para decirme lo que tengo y lo que no tengo que hacer, aquí todos ya somos mayorcitos para saber cuando la hemos cagado, no me hace falta ningún loro repitiéndomelo sin parar
Raquel sonrió como solamente saben sonreír las brujas malas de los cuentos, esas sonrisas que te recorre un escalofrío por la columna de solo verlo, con ojos entrecerrados imáginando un plan, mejor dicho constatando cuantas posibilidades de fallar tiene. Pero es que Raquel nunca falla.
- ¿Sabes a lo que tengo derecho?, a todo lo que tenga influencias sobre mí. Y toda la mierda que estás haciendo aquí me influye a mí. Así que cállate necio y no me vuelvas a levantar la voz porque aquí el único que tiene la culpa eres tú. Seguro que tu madre te dijo de pequeño que no debías jugar con las personas, a la pobre lo único que se le olvidó decirte es que yo y todo lo que me rodea deben ser las últimas cosas en que deberías jugar.
No es un mal día pero tenía ganas de gritar
A la pregunta del título no le hagáis mucho caso
Mejor dicho, no le hagáis caso a nada de lo que os diga